SIRENAS
Para Svetlana
y su alacrán.
Dos colas de sirenas en la bajamar, canta la canción desconocida de esta madrugada, sin parcelas de paz, donde un sueño te ha dejado. No existe el ayer, lleno de espejismos, los parpadeos de la luna que iluminaron tus noches de carne sola o mal compartida y la cruda amarga del arrepentimiento.
Vienes, rehén de mi memoria, a devolverme la lucha dulce de estos años en que lo perdí todo en pos de tu luz. Los siete siglos de esta maldición que traes marcados entre los muslos, por sombras azules, brujas.
La vida es esta guerra.
Los ruidos de la conciencia no caben en palabras. Fluyen por los rincones de la soledad y se escapan antes que puedas prevenirte de su mal.
Tu lo has de saber. Debes reconocer en este laberinto, los caminos que se han burlado de nuestros encuentros sin salidas. Esta ruta vacilante es, a final de cuentas, una mascarada, el carnaval.
Frente a nuestra última distancia, te recuerdo, con los ojos cansados de no volverte a ver.
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