martes 8 de julio de 2008

EL RETRATO DE OSCAR WILDE

EL RETRATO DE OSCAR WILDE


I

EL REY DE LA VIDA

Puse todo mi genio en mi vida,
y sólo mi talento en mis obras.
Oscar Wilde.

Al alba del 16 de octubre de 1865, en el número 21 de Westland Row, Dublín, nació Oscar Fingal O'Flahertie Wills Wilde, segundo varón del peculiar matrimonio formado por Sir William Wilde y Jane Francesca Elger. El padre fue un personaje que pudo caber en una comedia del hijo. A pesar del orígen noble que revela su título, su fama de médico sabio y filántropo se entremezcló con una sucia reputación que en el aspecto físico parece haber derivado de una enfermedad que le ponía la piel cenicienta y en lo moral de un escándalo precursor del que perdería a su vástago, aunque con otros tintes. Otólogo y dentista, fue acusado por una joven de que aprovechando el sedante aplicado por el doctor, éste abuso de su somnolencia. Aunque el facultativo salió absuelto del lance, el pesar de la acusación y el entredicho que le acarrería lo llevó a la tumba y oscureció los méritos que debió haber tenido ya que entre sus pacientes se contaron la propia Reina Victoria y el Rey Oscar de Suecia y Noruega, un enviado del cual sería padrino del futuro poeta. La madre, por su parte, afirmaba que su apellido era una derivación de Alhigieri, por lo que se decía descendiente de Dante; poeta patriótica y activista, bajo el seudónimo de Speranza, fue autora de artículos encendidos y de llamamiento a las armas en contra del colonialismo inglés y fundadora del partido Young Ireland -antecedente del actual ERI-. A esta dama, con la cual alguna vez Wilde dijo haberse puesto de acuerdo para fundar una liga de supresión de la virtud, se le ha achacado también el vestir a Oscarito de niña hasta la edad de diez años, provocando "la naturaleza y el temperamento de que habría de ser víctima el gran escritor", según señala prejuiciosamente Julio Gómez de la Serna, el primer compilador en español de la obra de Wilde y autor de su primera biografía en nuestro idioma, una de las principales fuentes de este texto.

Pese a los antecedentes chauvinistas de su madre, Oscar estudia desde los diez años, en colegios protestantes, es decir anglófilos, entre ellos el célebre Trinity College, la Universidad de Dublín, de donde han egresado varios premios nóbel de literatura. Es en su adolescencia cuando descubre, a los dieciséis años, la estética griega. Diría en De Profundis: "La belleza se alzó ante mí como una aurora...Me pareció ver las formas humanas blancas...grupos de adolescentes y de vírgenes moviéndose sobre un fondo azul oscuro"

A los veinte años, gana la codiciada medalla dorada del premio Berkeley, por una obra, en griego, sobre los poetas cómicos helénicos y obtiene una beca para estudiar en Oxford. Ahí publica en revistas inglesas y logra un nuevo premio, el Newdigate, por su largo poema Rávena, sobre la metrópolis romana en ruinas “donde reposa Dante...donde a Byron le placía vivir”. Su estancia en Oxford le sirva para comenzar a desarrollar el delicioso arte de su conversación esplendorosa y se desenvuelve tan bien en ese ambiente que llegaría a decir en De Profundis: "Las dos fechas más importantes en mi vida son aquellas en que mi padre me envió a Oxford y en la que la sociedad me envió a la cárcel".

Al terminar sus estudios marcha a Londres y, por influencia de su hermano William, se inicia en el periodismo, lo que le permite relacionarse en ambientes exclusivos, donde su elocuencia y simpatía personal le abrirían todas las puertas, llegando a ser el centro de atención de las reuniones sociales de la época. De este modo conoce a Whistler -el autor del famoso cuadro de la anciana sentada, de perfil, en su mecedora, cuyo original inaugura la sala impresionista en el museo D'Orsay de París, célebre también por su charla y sus frases agudas y originales. Wilde se vuelve inseparable suyo y aún desarrolla sus ideas sobre una nueva estética, se apropia de su estilo y hasta adopta algunas de sus frases. Esta fusilata provoca el enfado del pintor americano y la terminación de su amistad que, no obstante, marcaría la idiosincrasia del escritor. Cabe recordar, al respecto, una ingeniosa réplica que hizo Whistler a un crítico del Times: <¡Bravo! Me gustaría haber dicho esa frase> habría dicho Wilde, a lo que el pintor respondió premonitorio y cáustico : "Ya lo harás, Oscar, ya lo harás"...

A los veintisiete años, Wilde publica, a su costo, su primera colección de versos , que recibe un trato desigual de la crítica, pero se vende extraordinariamente por su estilo popular y romántico que encantó al público femenino. Este éxito aunado al social que ya había logrado, lo impulsa a transformarse, en busca de una nueva simbología personal. Así, se convierte en un ser llamativo y reformador. Sus trajes con chaquetas de terciopelo y calzón corto, cubiertos con pieles, capas y gabanes; los puños de encaje y los botines de charol complementados con chalinas verdes o rojas y lirios en el ojal o en la mano indolente, hicieron las delicias de los caricaturistas ingleses. Gilbert y Sullivan, los autores de moda, lo retrataron mordazmente en su comedia Patience y la revista satírica Punch hizo famoso en Londres un mote para Wilde "el demasiado absolutamente absoluto" .

En 1881 viaja a los Estados Unidos, invitado a dar conferencias públicas. Le precede la epigramática fama de Patience, ya estrenada en Broadway. Pese a los prejuicios de los norteamericanos, que lo reciben con burla y desdén, alcanza un triunfo memorable merced a su magnífica elocuencia que cautiva tanto a los públicos de las grandes ciudades como al de los pueblos sureños de la Unión Americana. En Filadelfia, visita a Whitman y él, esteta puntillista, se horroriza por el desaliño y la pobreza que rodean al gran poeta norteamericano.

De regreso a Europa, viaja a París, hospedándose en el barrio latino. Recibe la influencia de Baudelaire, como se revela en su poema La dama de la cortesana. Por su parte, deslumbra a los parisienses con su vida fastuosa y la magia de su conversación. Agasaja a Verlaine, a Víctor Hugo y a Daudet. Es recibido en el escenario de la Comedia Francesa por la enorme Sarah Bernhardt. En esta primera visita a Francia quedará marcado también por Balzac, cuyos personajes le sugerirán, en gran medida, los motivos de su propia obra futura.

Después de una época en que se dedica principalmente a dictar conferencias en Inglaterra, su estrafalaria y derrochadora manera de vida le deja en una difícil situación económica que sobrelleva -según costumbre social que él mismo criticaría en El abanico de Lady Windermere- casando en 1884 con Miss Constanza Mary Lloyd, hija única de un consejero de la Reina. Con la magnífica dote de la novia, el matrimonio se instala en la calle Tite, última residencia en Londres de Wilde, quien la decoró, a su estilo, pintando de colores diversos cada pieza y adornándola con pinturas de Lepage, Whistler, su propio retrato por Pennington, dos plumas japonesas embutidas en el techo y una reproducción del Hermes de Praxíteles -su escultura favorita- precediendo el salón.

En sus primeros años de casado, Wilde casi no trabaja, vive en un relativo sosiego y procrea a sus dos hijos, Ciril y Vivian. Dirige una revista femenina , en la que colaboran su esposa y su madre y cambia su modo estrafalario de vestir por uno más convencional. Este período, no obstante, es corto. Hastiado de su mujer, se rodea de gentes de reputación dudosa y surgen escandalosas versiones sobre su vida íntima. Simultáneamente su producción literaria se hace prolífica y de mayor calidad. En 1887 publica El Crimen de Lord Arthur Saville y El Fantasma de Canterville y al año siguiente El Príncipe Feliz y otros cuentos. A estos títulos siguen La Decadencia de la Mentira y la novela corta El Retrato de Mr. W. H., imaginaria y ambigua versión sobre la vida privada de Shakespeare que le vale agrios comentarios de los críticos e incrementa el deterioro de su reputación. Esta alcanzara su nivel más bajo en 1890, con la aparición del Retrato de Dorian Gray, novela realizada en 15 días para cumplir un encargo de la revista americana Lippincott´s Monthly Magazine. Al aparecer ampliada, como volumen, despertó una andanada de reacciones contra la personalidad de su autor a quien se le achacan los vicios de sus personajes. Wilde, soberbio, goza el hallarse en la cumbre de la atención y responde galanamente a cada crítica. Descaradamente se exhibe con jóvenes efebos, especialmente con el poeta John Gray, que, según dijo, fue su modelo para Dorian.

En medio de la polémica, el autor alcanza una total independencia económica merced a las ventas de sus obras que se arrebataban en las librerías. Vuelve a París y trata a Mirabeau y a Mallarmé. Jean Lorraine lo invita a su casa y en su mesa convive con Marcel Schwob y Anatole France. Diría Lorraine:"...viaje triunfal a París. Era la época magnífica de las fiestas en los salones principescos del barrio del Trocadero y de los banquetes de poetas y literatos, ofrecidos y dados en honor de Wilde."
En homenaje a la Bernhardt escribe, en francés, su drama Salomé -cuyo texto musicalizaría Richard Strauss, para convertirlo en ópera-, obra que causa nuevo revuelo en Inglaterra, donde le acusan de alterar la versión de la Biblia. El escritor, beligerante, se ostenta irlandés, no inglés y lanza la posiblidad de adquirir la nacionalidad francesa.

Wilde podía hacer cualquier cosa, todo le estaba permitido y su estrella se hallaba en esplendor. A instancias de George Alexander incursiona en el teatro y escribe, en dos meses, El Abanico de Lady Windermere, que se estrena en 1892. Pese al repudio de la prensa, el público se desborda para verla, convierte en frases populares algunos parlamentos y exige la salida del autor al finalizar cada representación. Entre 1892 y 1895 se representarían sucesivamente, con el mayor éxito imaginable, Una Mujer Sin Importancia y La Importancia de llamarse Ernesto -o de ser Formal, juego de palabras por la expresión inglesa que se entiende en ambas acepciones- quizás la comedia wildeana más popular. Es el pináculo de su gloria. Wilde se autoproclama "El Rey de la vida".

Este reinado se vería truncado abruptamente a consecuencia de su tormentosa relación con Lord Alfred Douglas , joven extraordinariamente apuesto por quien el escritor pierde totalmente los estribos, al grado de derrochar en vicios y francachelas toda su fortuna y arruinar también lo que le quedaba de reputación. El padre de Bossie, el Marqués de Queensberry, -el creador de las reglas del boxeo-, acusa públicamente de pederasta al escritor y éste, dominado por sus pasiones, se involucra en un juicio por difamación que pierde y se le revierte en un proceso criminal por homosexualidad, entonces un delito, según la hipócrita moralidad inglesa. Todos los rencores en contra del escritor se desatan y le es impuesta una condena a dos años de prisión y trabajos forzados. En la cárcel, escribe su Epístola in cárcere et vínculis, que será conocida como De Profundis, vibrante y poético testimonial. Tras purgar su condena, en 1897, estigmatizado y en desgracia, huye de Inglaterra hacia la Europa continental a vivir miserablemente, con el escaso apoyo de sus pocos amigos fieles. Todavía su pluma, como la de un fénix, producirá la bellísima Balada de la Cárcel de Reading. Las circunstancias de la caída del , su estancia en prisión y sus últimos años, serán expuestos con la amplitud que merecen en un artículo próximo.

Abandonado de su suerte, en un sórdido hotel parisino, con el seudónimo de Sebastian Melmoth, muere el gran escritor el 30 de noviembre de 1900, al finalizar el año que inicia un siglo. Contradictoria como todo en él, será su muerte el principio de la reivindicación de Wilde, hoy aclamado por su obra igual que en su época fue rechazado por su vida. Sus restos descansan en el cementerio Pêre Lachese de París, a donde fueron trasladados en 1909, en póstumo desagravio de la intelectualidad francesa, promovido por el fidelísimo Robert Ross. En el monumento que adorna su tumba, esculpido por Jacob Epstein, puede leerse el epitafio bíblico -Libro de Job, capítulo XXIX, 22- que seguramente Wilde no hubiera tenido empacho en suscribir:.
"En pos mi palabra no replicaban, y destilaba sobre ellos mi habla..."

























EL PRESO C.3.3.


"Cada hombre ve en Dorian Gray su propio pecado.
Cuáles son los pecados de Dorian, nadie lo sabe.
El que los encuentra es que los ha llevado."
O. Wilde

En 1890, al aparecer El Retrato de Dorian Gray, la prensa inglesa acusa a Oscar Wilde de haber escrito "una obra destinada a corromper el honesto sentir del público inglés". Entre los críticos, un tal Henley, que se consideraba el celador de la pudibundez británica, se constituyó, desde la revista Scott´s Observer, en el principal refutador de Wilde, cuando éste discutió con los medios, en ocho polémicas cartas, la teoría del arte por el arte con que justificaba su novela. Dueño de la capacidad de ser adorado u aborrecido, el escritor irlandés avivó el repudio de sus enemigos con las frases que ya había hecho clásicas, llenas de ingenio y mordacidad: . Curiosamente, la tesis moral de "El Retrato..", fue defendida por algunas revistas religiosas, como The Christian World, Light o la severa Bookman, que en su primer número incluyó una crítica laudatoria del libro, suscrita por Walter Pater, una de las primeras y más grandes influencias de Wilde, aunque nunca fueron amigos.
Ya antes Oscar había desafiado abiertamente a la sociedad inglesa con una ambigua exégesis de los sonetos shakespereanos, en el Retrato de Mr. W. H., cuento fantástico en que se pretende descubrir la misteriosa dedicatoria a W. H.:
"Para él, como me figuro que para todos nosotros, los sonetos están dirigidos a un joven cuya personalidad, por alguna razón, parecía haber llenado el alma de Shakespeare de una alegría terrible y de una no menos terrible desesperación..Recuerdo que me leyó: ..¡Oh! Date a tí mismo las gracias si algo mío/encuentras digno de lectura bajo tus ojos/¿Pues quién sería tan mudo que no pudiera escribirte/cuando tú mismo iluminas tu invención?..."
Pero con Dorian Gray, según Ricardo Baeza, se incrementaron los rumores sobre la vida privada del autor. "Las relaciones de Wilde con el movimiento estético de 1880, se parecen a las de Gautier con el movimiento romántico de 1830. Gautier, como Wilde, se había alistado en un ejército ya en marcha, cuyo mejor campeón fue pronto. Y el chaleco rojo de uno vale por los calzones de terciopelo del otro."

En 1885 la Labouchére's Criminal Law Amendement Act, prescribió la homosexualidad como un delito. A partir de la aparición de las obras citadas y como consecuencia de su conducta escandalosa, Wilde era ya secretamente vigilado por la policía. En el otoño de 1891, conoce a Lord Alfred Bruce Douglas, sin duda el agente de su desgracia. Bosie -nombre cariñoso que le dió su madre por Boysie (niñito)-, segundo hijo del Marqués de Queensberry, pertenecía a la familia más aristocrática de Escocia. En la época de su encuentro con Wilde, contaba con veinte años -dieciséis menos que Oscar- y era, según se le describe, un mozo de gran apostura, muy distinguido, de penetrantes ojos azules y rubio como un dios griego. Poeta y alumno de Oxford, lo mismo que Wilde, seduce a éste con su juventud, belleza y elegancia, virtudes probadamente irresistibles para el irlandés, quien, por su parte, es un cautivador charlista y literato en el pináculo de su gloria, que despierta una deslumbrante fascinación en el joven aristócrata y se hacen amantes. A fines de 1892, Lord Alfred parte de Oxford, sin graduarse, para vivir permanentemente con Wilde. Comen y beben en los mejores restaurantes hasta el amanecer. Satisfacen a plenitud todos los excesos. Viajan a Francia, Italia, Alemania y Argelia -donde tienen un encuentro con André Guidé, que lo recordará en un In Memoriam dedicado a Wilde-. El éxito por el que atraviesa Oscar, le permite costear ese desenfrenado tren de vida, aunque le acarrea deudas que, a la postre, le serán alevosamente cobradas. A pesar de su madurez y de su agudeza, Wilde era sentimental y débil, mientras que Bosie, por el contrario, era arrogante, testarudo y de un despotismo cruel. "Me asusta tanto como me atrae", le escribirá aquél a Frank Harris, su gran amigo, quien relatará que, contra lo que pudiera pensarse, fue Douglas el que arrastró a Wilde a los arrabales de Londres, en busca de los placeres más bajos, el que lo introduce al mundo de la prostitución masculina y le presenta a Alfred Taylor, regente de un burdel de male prostitutes, quien, durante el proceso contra el escritor, se negará a testificar en su contra y, como consecuencia, irá también a prisión.

En 1894, Bosie pide a Wilde colaborar para la naciente revista The Chamaleon, dirigida por John Francis Bloxam, amigo de Douglas. Oscar contribuye, para el único número de la revista que vería la luz, con una serie de aforismos "for the use of the young". Bosie, a su vez, publica dos poemas, en uno de los cuales incluye el verso por el cual será recordado: "I am the love that dare not speaks its name". El amor que no puede pronunciar su nombre y el cuento gay y sacrílego "El sacerdote y el acólito", de Bloxam, aparecen juntos en la misma edición de la revista y serán injustificadamente atribuidos a Wilde, para utilizarlos como instrumentos acusatorios en su contra, durante el proceso que lo llevará a la cárcel.

Pero fue la profunda y recíproca animadversión entre Douglas y su padre, el citado Marqués de Queensberry, lo que precipitaría a Wilde hacia la ignominia. Bosie adoraba a su madre, a quien el Marqués había abandonado, después de ultrajarla durante su matrimonio. En consecuencia, los hijos del matrimonio, veían al padre como a un enemigo y, en sus esporádicos encuentros, eran frecuentes los pleitos y las recriminaciones. Queensberry, hombre rudo y soez, era aficionado a los ejercicios físicos, abominaba de las artes y consideraba vergonzosa la afición literaria de Alfred. Siempre le demostró un profundo desprecio, sentimiento en el cual era plenamente correspondido. A manera peyorativa, Douglas escribió de su padre: .
La marquesa, por su lado, había tratado de alejar a Bosie de Wilde, consiguiéndole un cargo de agregado honorario en la Embajada Inglesa en Constantinopla, pero Alfred regresó para restablecer las relaciones truncas. Según Wilde, este retorno fue en contra de su voluntad y él trató de evitarlo, ya que consideraba que la proximidad del joven le era perjudicial a su arte y, además, se daba cuenta de que el afecto de Douglas no era desinteresado. Pero la pasión era mayor a sus fuerzas y a su entendimiento. Así lo demostró cuando Queensberrry comenzó a acosarlo, persiguiéndole públicamente y denostándole con violencia, cuando se encontraban, más por molestar a su hijo que por prevenirle de algún mal. Bosie inflamaba las rencillas, provocando a uno y a otro, hasta que el Marqués, el 28 de febrero de 1985, dejó al conserje del elegante Albermale Club, del cual era miembro el escritor, una tarjeta de su puño y letra -escrita con una falta de ortografía-: To Oscar Wilde, possing as a somdomite.
Aunque nadie más que el portero ve la tarjeta, Wilde decide demandar al Marqués por difamación. Frank Harris cuenta que, acompañado de George Bernard Shaw, otro irlandés inmortal, visita a Oscar y consienten en enviar una carta al Director del Times, explicando que no demandaría a Queensberry porque "ningún jurado condenaría a un padre, por grandes que fueran sus culpas", y porque él era un amante de la belleza "y no uno de esos púgiles que, como Queensberry, sólo se sentían a gusto andando a puñetazos". Sin embargo, Douglas irrumpe en la entrevista, llama mal amigo a Harris y convence a Wilde de no desistir de su querella.
Como es previsible, el Marqués es absuelto. Obran a su favor la fama pública de Wilde, sus múltiples enemigos y toda una sociedad decidida a convertirlo en víctima propiciatoria. Condenado a pagar las costas del proceso, cuando su situación económica era ruinosa, se ve además contrademandado por Queensbery. Le apresan, conduciéndole primero a Scotland Yard y luego a la prisión preventiva de Bow Street. A lo largo de tres procesos y el desfile de testigos de la peor calaña, contratados por su acusador, a cuya declaración se le da plena veracidad, del 6 de abril al 25 de mayo de 1895, es sumariamente juzgado y condenado a dos años de prisión y trabajos forzados. Antes, el 7 de mayo, después de tres solicitudes negadas, había salido bajo fianza, pagada parcialmente por el hijo mayor de Queensberry, hermano de Bosie. Sus amigos, sobre todo Robert Ross, le instan a huir de Inglaterra, sabedores de que no habría clemencia para él. Frank Harris contrata una embarcación en la cual huiría subrepticiamente hacia Francia. Pero Wilde, inexplicablemente sobrecogido de terror por la policía, con una propensión a la fatalidad, se considera perdido y comparece a oír su condena y a cumplirla.
Embargado por sus acreedores -entre ellos Queensberry, como ganador del juicio y de la sentencia de costas-, su casa es saqueada, malbaratándose sus excelentes libros y obras de arte. El, que reprocharía a Bosie en De Profundis haber gastado en su romance más de cinco mil libras, sufrió la pérdida total de su biblioteca "desastre irreparable para un hombre de letras y la más dolorosa entre todas mis pérdidas materiales", por menos de ciento cincuenta libras.

Tras breves períodos en las prisiones de Pentouville y Windenorth, el 13 de noviembre de 1895 es trasladado a Reading, donde purgó íntegramente su condena de hard labour: deshacer cuerdas de cáñamo hasta destrozarse la piel de los dedos, mover con los pies la pesada rueda de una noria humana, y otras atrocidades. Además, el ostracismo, que el régimen de Reading imponía a los reclusos, no fue el menor de los martirios para el delicioso conversador, reducido a ser sólo una cifra, el preso C. 3. 3., por ocupar la celda número tres, en el tercer rellano de la galería C.
De nada sirvieron las peticiones de indulto de grandes voces, como Bernard Shaw en Inglaterra, Stuart Merrill en Estados Unidos o Mirabeau en Francia. Sufriría encarcelado la inmensa pena que le produjo la muerte de su madre.

Al quedar en libertad, el 19 de mayo de 1897, reside brevemente en la costa francesa, adoptando el apodo de Sebastian Melmoth, tomado el nombre del mártir cristiano y el apellido de la novela "Melmoth el vagabundo". La ayuda de sus amigos y una renta de su generosa mujer, lo aislaban de los problemas materiales, pero no le permitían los lujos a los que, de cualquier modo, ya no estaba acostumbrado. Empieza a escribir la "Balada de la Cárcel de Reading", su obra maestra, en un ambiente de serenidad y buen ánimo. Trabaja también en textos bíblicos y parece retomar la vida, hasta que se presenta a verlo, otra vez, Lord Alfred. Pese a todo lo que le había escrito en De Profundis, desde la prisión, olvida las recriminaciones y las ofensas y, presa de su todavía viva e irresistible atracción, renuncia al consejo de sus amigos y a la ayuda económica de su esposa, para escapar con Bosie hacia Nápoles. Esta relación, sin embargo será muy breve. Ninguno de los dos cuenta con capital para sostenerla y, cuando el que tenían se agota, deben separarse. En un gesto que puede considerarse noble, Bosie consigue que su madre le entregue doscientas libras a Wilde, bajo la promesa, que cumplirían, de no volver a convivir jamás.

En 1898, Wilde publica la "Balada.."-que concluyó mientras vivía con Bosie-, bajo el seudónimo de C.3.3., y recibe el elogio unánime de la crítica, así como numerosas y sucesivas reediciones. En la séptima, reaparece el nombre del autor quien, no obstante, se halla indiferente a todo, sumido en la pena del amor perdido, a la que se aúna la de la muerte de su esposa, por la que nunca dejó de tener un tierno afecto, a pesar de que ella lo alejó totalmente de sus hijos, quitándose y quitándoles el apellido Wilde, por el estigma que lo acompañaba.
En mayo del mismo año, se traslada a París y se instala en un modesto hotel de la calle Beaux Arts, con los fondos que le produce la "Balada...". Ahí lo encuentra Frank Harris y le convence de hacer un viaje a la Costa Azul, para recuperar el ánimo. Wilde se encuentra a sus anchas y, en el maravilloso ambiente del Mediterráneo francés, promete escribir "con la misma naturalidad que canta un pájaro". Sin embargo, un nuevo amante, Harold Mellor, aparece en su vida. Mellor, inglés pretencioso y afectado, se ve envanecido ante la celebridad que, aún en el ocaso, guarda destellos de su antiguo esplendor. Juntos, admiran en Niza la "Salomé"de Sarah Bernhardt y, después de la función, la Bernhardt recibe a Oscar en su camerino, lo abraza y llora al verlo tan distante del que fue. Invitado por Mellor, Wilde deja nuevamente su reposo y se va a Ginebra. En un principio marchan bien las relaciones, pero Mellor se fastidia pronto y empieza a recriminar a Wilde llamándole mantenido y parásito. El escritor debe regresar a París, con su nuevo fracaso a cuestas y con una depresión creciente. Cada vez es más una sombra. En la primavera de 1899 se topa por última vez con Douglas, cuyo padre acaba de morir, heredándole. No han pasado sino dieciocho meses desde su separación, pero Bosie se horroriza ante el viejo y mal vestido rescoldo de su antiguo amante, que le recuerda un pasado que él ya sólo quiere olvidar. Le arroja unos centavos y huye de su presencia. Wilde se vuelve alcohólico. Todavía Mellor volverá a buscarlo y lo invitará a viajar por Italia. En Roma, admira las glorias religiosas de la ciudad y conoce al Papa. Su alma sufre una extraña transformación y decide convertirse al catolicismo. De regreso a París, es operado por una dolencia crónica en el oído. La intervención resulta bien, pero en su afán incontrolable por beber, la convalecencia se complica y termina por causarle la muerte, en aquel sórdido hotelucho del barrio latino, con el nombre falso de Sebastian Melmoth, y acompañado apenas de dos amigos fieles, Regie Turner y Robert Ross, el 30 de noviembre de 1900. El día anterior había recibido el bautizo y la extremaunción en la fe católica, bajo la cual será también enterrado.
En su cortejo fúnebre, de apenas unos cincuenta dolientes, destacaba la gallarda figura de Lord Alfred Douglas, para muchos su ángel del mal.
Pero, cabe preguntarse si es justo achacar el derrumbe de su gloria a otro y no a su propia búsqueda de ser magnífico y fatal. Adalid y superlativo. José Emilio Pacheco, en su espléndida versión de De Profundis, compara las relaciones de Wilde y Douglas con las de Verlaine y Rimbaud "-salvando las distancias entre el genio poético de Rimbaud y la mediocridad de Bosie-". Se dice que Verlaine pasó dos años en la cárcel, por una bala que le disparó Rimbaud y le pegó a éste de rebote. Pero, dice Pacheco, citando a Auden, "si Verlaine hubiera recibido la tarjeta de Queensberry, se hubiera limitado a devolvérsela con el comentario "Mais oui, je suis pederaste".
Como quiera que sea, según el mismo Auden "Bosie fue un horror y el responsable de la ruina de Wilde. Con todo, si al final de su vida le hubieran preguntado a Wilde si lamentaba haberlo conocido, acaso hubiese contestado que no, y sería en vano lamentarlo por nuestra parte. No podemos saber qué hubiera escrito Wilde si no hubiese conocido a Bosie o se hubiera enamorado de otro. Sólo podemos observar que durante los cuatro años transcurridos entre el encuentro de Bosie y su caída, Wilde escribió la mayor parte de su obra literaria, incluso su única pieza maestra. Tal vez Bosie no tuvo nada que ver con esto o tal vez sí, cuando menos porque obligó a Wilde a ganar dinero para mantenerlo."

La historia se encargó del denigrado nombre de Wilde. Su leyenda ha hecho correr ríos de tinta y las interpretaciones de su vida son tantas como quienes lo siguen atacando o defendiendo. Ya nada tiene importancia, diría el mismo Oscar. Según la biografía que le hizo su incondicional Frank Harris, él, Wilde, debe estar recitando los versos de Heine:

"y siempre allá, como aquí,
me cubrirá el cielo de Dios,
y cual los cirios de los muertos
brillarán las estrellas sobre mí"