martes, 8 de julio de 2008

CAROLA

CAROLA

Detrás de su espeso maquillaje, las cejas finamente delineadas se alzaban, con su voz, para brindarme el desproporcionado rojo corazón de su beso.

-Mi noviecito, mi noviecito,- me destornillaba el oído- ven, mi rey, dame un besito,-me aventaba su perpetuo tufo de tablajera clandestina- te voy a regalar una medallita de la buena suerte -me rasgaba la nariz con sus infinitas uñas de hechicera.

Tan pronto podía me arrancaba de su abrazo de martirio y, con el pecho desbocado por el terror y la repugnancia, me alejaba llorando mientras los demás niños me burlaban por ser el novio de Carola.

Carola.


Se arremangaba el rebozo de mestiza por el cuello viperino y con las piernas abiertas y el trasero levantado, apoyada en el palo de escoba que usaba por bastón, seguía recorriendo las calles malas, cazando abejas con tapitas de coca cola, despanzurrando sapos a pedradas, analizando con el tacto y el gusto -y los ojos espantosamente puestos en blanco- los líquenes del charco más grande de la cuadra y rezando a su margen antes de arrancarlos girando siempre hacia su izquierda.

-Tu novia es la bruja, tu novia es Carola, me gritaban en la escuela y yo sufría inconsolable, porque no, la verdad es que yo no era novio de Carola.

Carola.


-¿Qué tal Carolina?, la saludaba la traidora de Mamá cuando entraba a comprar sus porquerías a la tienda, con el Diablo. Dile a tu perro que se quede afuera, no me vaya a orinar otra vez la pared.
-Diablo, vete pa' fuera. Pero si ahí está mi noviecito, -localizaba mis ojos azorados detrás de las faldas de mamá-. Ven a que te dé un besito mi rey.

-Aquí tiene Carola: creolina, alcohol, aceite de linaza, almidón, polejía y alfileres de cabecita. Media docena de huevos de patio, un kilo de galletas de animalitos y tres cuartos de manteca. ¿Algo más?

-Un besito de mi novio. Porque tu eres mi noviecito ¿Verdad nené? ¿Verdad que eres el noviecito de Carola?

Carola.


-Cuando la luna se pone como una piedra entalcada y parece que al cielo le hubiera entrado el sarampión de tan manchado de estrellas, se cogen florecitas amarillas, de cualquier tipo, de preferencia sin olor, pero que piquen.

-No es cierto Carola, no puedes salir a coger flores de noche.

-No salgo sola chiquito, salgo con mi gato. El me guía mientras platica con los iguanos. A él le tienen miedo hasta los fantasmas de la oscuridad y se le hacen a un lado.

-Y ¿Para qué quieres las flores?

-Para mi círculo. Un día de estos me van a ver de quince años.
Yo estaba lo más lejos posible del grupo de chamacos que rodeaban a la vieja, pero lo suficientemente cerca para oír fascinado las invocaciones que la llevarían de vuelta a la juventud.

-Y cuando te bebes la sangre refinada, ya empiezas a sentir la vida que te renace. Suena tu corazón como un volador que se revienta y se te reparte pro todo el cuerpo un cosquilleo. No te quema el fuego de las velas que vas apagando y encendiendo con las manos, mientras le gritas al tiempo, primero cosas bonitas, luego mentadas de madre.

-Ven aquí callejero -Mamá llegaba y, antes de empezar a oír la explosión de regaños, sentía el jalón de cabellos que me izaba para llevarme casi en vilo hasta la casa.

-Cómo puedes estar ahí achocado entre la chusma oyendo a esa mugrosa degenerada y loca de Carola.

Carola.


Un día llegó la policía con un coche que tenía como mosquiteros en la parte de atrás, adonde empujaron a Carola después de sacarla de la barraca de cartón y lámina en que vivía.

-Ya era hora de que acabaran con las cochinadas de esa inmoral. Condenada vieja que usaba su covacha para rentar a las pirujillas de la Avenida.

-Y vendía alcohol.
-Y mariguana.
-Y se robaba la sangre del rastro.
-Porque era bruja.
-Y hacía mal de ojo al que le caía mal.
-Qué bueno que se llevaron a

Carola.


SUCESOS DE POLICIA

Una mujer joven fue hallada muerta en el interior de una humilde vivienda, en extrañas circunstancias. La joven yacía enmedio de un círculo de veladoras y flores amarillas, sobre el piso de tierra de la casucha; estaba exageradamente maquillada y alrededor del cuello tenía un rebozo empapado de la sangre que, aparentemente, ella misma había vomitado. La policía está en la búsqueda de la propietaria del predio que, según los vecinos es una anciana a la que sólo conocen por el nombre de Carola.





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